Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

miércoles, 19 de julio de 2017

SAUCES TRASMOCHOS EN RUMANÍA

Sabíamos de la presencia de los sauces trasmochos en Rumanía. Disponíamos de fotos que nos habían hecho llegar amigos que habían visitado el país y, sobre todo, por visitar la magnífica web Arborii remarcabili din Romania


Con esas ideas en la cabeza, al iniciar hace un año un viaje por el centro y norte de Rumanía, nos pusimos las "gafas de ver sauces trasmochos" en nuestro recorrido por las regiones de Maramures, Bucovina, Moldova y Transilvania, al tiempo que disfrutábamos de otros valores culturales y naturales de este extenso y complejo país.



Partimos de Cluj y nos encaminamos hacia Maramures con la intención de conocer la que sabíamos era una de las regiones con una cultura popular más auténtica y viva en Europa. Así, mientras atravesábamos los montes Lapus, poblados de prados arbolados y de bosquetes, y antes de hacer la primera noche ya pudimos verlos. 


 En plena gestión, formando parte de vallados de madera que separaban los prados.

Al día siguiente estuvimos estuvimos recorriendo los pueblos de los valles del Mara y del Izei. Vimos alguno. En Botiza cerca del río ....


y en Ieud, unos árboles jóvenes con poda de formación utilizados como soporte para colgar el heno y secarlo ...


Recorrimos muchas carreteras secundarias de Maramures atravesando colinas y pequeños valles. Encontramos sauces trasmochos, pero no muchos. 


Para ello, tuvimos que viajar hacia el este, atravesar el puerto de Prislop que separa los Montes Rodnei y Maramuresului ... 


... y entrar en la región de Bucovina.  

Bajando el puerto, junto a unos campamentos de familias gitanas, hay un pequeño pueblo dedicado a la explotación y la gestión forestal. Entre los escasos prados había pequeños grupos de sauces trasmochos ...


los más con el turno perdido de poda, tal vez debido a la gran abundancia de madera que producen estas montañas ....


Estos fustes eran muy similares a los que encontrábamos en los prados y que servían como eje en los apilamientos de heno ...


Seguimos descendiendo, internándonos en los Montes Suhardul, ya en los Cárpatos Orientales, y volvían a estar presentes en los prados ....


y en las orillas de los caudalosos torrentes sobre potentes depósitos de gravas y cantos.


En la región de los famosos monasterios de Bucovina, iglesias fortaleza ilustradas con pinturas religiosas en sus fachadas, como la de Voronet ...


los encontramos con cierta frecuencia, casi siempre en los márgenes de los ríos ...


en Moldovita ...


pero también en prados como en Humor ...


Fuimos alcanzando las llanuras agrícolas del amplio valle del río Siret en donde se manifestaba la intensificación agraria de la etapa desarrollista ...


Pernoctamos en Agapia, ya en la región de Moldova (no confundir con Moldavia, el estado vecino de esta parte de Rumanía), muy cerca de un gran monasterio al que acuden en peregrinación los vecinos de la comarca. En particular, aquel domingo.

Y, de nuevo, nos los encontramos en prados y en márgenes de río ...


Volvimos a internarnos en los Cárpatos Orientales dejando Moldova para ir acercándonos a Transilvania. Piatra-Neamt, una pequeña ciudad situada entre montañas, nos ofreció la doble cara de la actividad económica en este país. Por un lado, la Rumanía campesina ...


y a menos de un kilómetro, una gigantesca cementera resultante de la industrialización de la etapa Ceaucescu hoy en manos de una empresa alemana ...


... en cuya campa se almaceban cientos de neumáticos de camión dispuestos a ser "valorizados energéticamente".

Entramos en Transilvania por una zona en la que la mayoría  de la población (o buena parte de la misma) es de origen húngaro: es el País Szekely. Callejeamos y cerveceamos por Gheorgheni y tomamos una carretera secundaria que nos llevó a una zona montañosa en la que ya se apreciaba una cierta diferencia cultural en la arquitectura popular.


Y, entre los prados, crecían jóvenes y cuidados sauces trasmochos ...


Hicimos noche en Sighisoara, una de las ciudades sajonas de la Meseta de Transilvania, donde comprendimos la larga compleja historia social de esta parte de Europa. Y donde descubrimos los espléndidos prados arbolados de Breite. Seguimos hacia el sur, hacia los Cárpatos Meridionales, los que separan Transilvania de Valaquia, ésta ya en la vertiente del Danubio.

Llegamos de parte tarde a Moieciu de Jos, cerca Brasov, la mayor de las ciudades sajonas, y de Bran, donde se levanta el espectacular castillo del conde Drácula. Y al pie de los Montes Bucegi y Fagaras. Dimos muchas vueltas por el pueblo hasta encontrar el alojamiento, lo que nos permitió comprobar la común presencia de los sauces trasmochos. Siguiendo lo visto hasta ahora. Cerca de los ríos ...


y en los prados ...


Al final dimos con el alojamiento y compartimos vinos y conversación con unos valencianos y malagueños con los que coincidimos.

No vimos sauces trasmochos en la atestada carretera que une Brasov con Bucarest, dirección Sinaia, cuando nos acercamos a conocer el palacio de Peles, la joya de la antigua corona rumana.

Al día siguiente nos acercamos a los montes Fagaras, la columna vertebral de los Cárpatos Occidentales Meridionales. Nos movimos en paralelo a esta cordillera, a través de pequeñas carreteras.


En lo alto, los pastos de montaña; a menor altitud, los bosques (hayedos y aciculifolios) y, en la planicie, los cultivos agrícolas. Entre los bosques y la llanura, se intercalaba un piso de pastos abiertos en el bosque. Aquí encontramos las mayores poblaciones de sauces trasmochos en nuestro periplo rumano.

Formaban parte de los setos que cerraban los prados y los campos de cultivo. Eran árboles gestionados por sus propietarios. Con ramillas de uno o dos años de edad.


Los habían plantados hace menos de treinta años ...


mientras que otros eran bastante veteranos ...


Nos encontramos a un paisano que quemaba cables en una especie de estufa para recuperar el cobre. Le preguntamos por la gestión de los árboles. Lo único que sacamos en claro era que nos pedía un cigarro. Y es que los idiomas son tan importantes ....

Seguimos ruta hacia Sibiu, otra de las históricas ciudades sajonas, volviéndonos a encontrar a estos árboles por los márgenes de los campos ...


Hicimos noche en una agradable casa de un pueblico situado al pie de los Montes Cindrel, otro sector de los Cárpatos Occidentales Meridionales. Bosques frondosos y muy extensos. El dominio del oso y el lobo. Dimos un paseo al amanecer ...


... y nos acercamos a la ciudad a disfrutarla mientras se iba despertando.

Sibiu, capital de Transilvania, está recuperándose en los últimos años, al calor de su nombramiento como Capital Europea de la Cultura por la UE en 2007. Callejeamos viendo sus casas de curiosos tejados, recorrimos sus preciosas plazas, subimos a alguna sus torres y entramos en la iglesia evangélica. En una de las lápidas funerarias ...


... ¡allí estaban de nuevo los sauces trasmochos!


Al entrar en el Museo Brukenthal, según nos dijeron la mejor galería de arte de Rumanía, encontramos un par de cuadros con estos árboles. Uno era de Denis Van Alsloot, un pintor flamenco del Renacimiento con abundante obra dedicada a los paisajes del entorno de Bruselas ...


Y el cuadro "Un sacerdote sajón entrando en su parroquia en invierno" pintado por Franz Neuhauser (1763-1836) que refleja un paisaje periurbano de Sibiu en el que están presentes los árboles de poda ...


Salimos de la ciudad dirección Alba Iulia pero dando un rodeo por carreteras secundarias. ¡Qué paisajes tan preciosos nos ofreció la tarde!


Y llegamos a una flamante pensión rural ("Agropensiune Cosette") situada en Benic, un pueblico cercano a los Montes Trascaului ...


 donde nos trataron con todo tipo de amabilidades y una gran cordialidad ...


 ... en un entorno de huertos con frutales, prados y campos de panizo. Y es que Rumanía es un magnífico destino para los amantes del turismo rural.

Por la mañana, tras un estupendo desayuno, hicimos una excursión por los Montes Trascaului y, de nuevo, nos encontramos con nuevos sauces trasmochos. No eran los más numerosos, menos frecuentes que los viejos frutales (ciruelos, nogales, manzanos, etc.) que poblaban aquellos prados, pero sí comunes.


Y vimos uno de los usos que ya conocíamos. Trenzar los mimbres para formar setos.


Allí encontramos los únicos chopos cabeceros (álamos negros trasmochos) que vimos en nuestro viaje por Rumanía. Una rareza allí.


 En nuestra última jornada por este país, sin prisa por volver a Cluj, recorrimos los Montes Apuseni, en los Cárpatos Occidentales Rumanos. Extensos bosques y prados de montaña ...


en los que sobrevive la cultura silvoganadera como demostraba el contenido de este carro: heno y ramas de abedul con sus hojas.


Eso sí, esta vez no vimos a nuestra querida salicácea como árbol de trabajo.

En definitiva, vimos que los sauces trasmochos son comunes en el paisaje rural de las zonas de media de los Cárpatos rumanos y que todavía están en uso.


Nos faltó conocer más sobre su aprovechamiento y gestión. ¡Para la próxima visita!

domingo, 16 de julio de 2017

UNA MIRADA GRÁFICA AL VII CURSO DE ORNITOLOGÍA PRÁCTICA DE GALLOCANTA Y TIERRAS DEL JILOCA

El Curso de Ornitología práctica de Gallocanta y Tierras del Jiloca de la Universidad de Verano de Teruel  cumplió esta primavera su séptima edición. Una apuesta de ADRI y, este año, de la Institución Ferial de Calamocha, que ofrece una formación específica y de nivel a las comarcas del Jiloca y de Campo de Daroca. 

Sigue fiel a los objetivos de sus inicios, como son el identificar las aves más comunes, profundizar en la biología y ecología de las aves, promover el estudio y la observación respetuosa de estos vertebrados y mostrar la avifauna y los ambientes de las comarcas de Jiloca y Campo de Daroca para promover el desarrollo económico. Y a la metodología puesta en práctica desde entonces, con una tarde de sesiones teóricas y dos días y medio de trabajo de campo con apoyo de anillamiento científico. Veinticuatro alumnos y catorce profesores o asistentes. Una ratio increíble.


Este año, una vez más, cumplió las expectativas. Las plazas prácticamente se completaron. La evaluación fue muy alta. Y, además, nos lo pasamos muy, pero que muy bien. Pero, cada año, el curso es diferente. Las diferencias no las establecen el tiempo atmosférico o los parajes que visitamos. Las marcan, las marcamos, las personas. Casi todos de los profesores o colaboradores estamos un año tras otro; otros como Esteban Hernández o Carmen Alijarde debutaban este año. La establece, especialmente, el alumnado. Este año teníamos a mucha "gente de casa", amigos y más que amigos, en algún caso, pero también otras personas que, desde aquellos días, ya lo son. Un gran ambiente, como otras ediciones.

En esta, de nuevo, contamos entre los alumnos con grandes fotógrafos. Rosa Pérez (Andorra) y Uge Fuertes (Monreal del Campo) que, además de poner la atención en la observación de aves, recogieron numerosas imágenes que son las que van a ilustrar esta crónica.


Empezamos el viernes con dos conferencias. Una dedicada a centrar la atención en los ecosistemas de la zona que lleva por título "Características del medio natural de las Tierras del Jiloca y Gallocanta: influencia en la comunidad de aves" impartida por un servidor. Otra, dedicada a facilitar el aprendizaje en la identificación de las aves y su registro en el campo, titulada "La identificación de aves en el campo; nociones generales y listados de aves, uso y utilidades" impartida por José Luis Rivas. Este año, a modo de novedad y en el marco de la feria Ambientalia, se organizó la mesa redonda dedicada al "Turismo Ornitológico, un recurso para el desarrollo rural" en el que participaron las empresas Allucant, Birding Teruel y El Vuelo del Buitre.

Y, el sábado comenzamos el campo. En una mañana fría y lluviosa, tras buena madrugada, nos sumergimos en una de las altas estepas de la cordillera Ibérica: la paramera de Blancas. Debutábamos en un terreno difícil, con especies de compleja identificación y en unas condiciones complicadas.


Durante el recorrido, cada uno de los tres grupos realizamos un taxiado para intentar estimar la población de alondra ricotí (rocín)  a partir de los cantos que fuimos registrando en nuestro paseo por la loma.


Poníamos atención a los cantos, pero también a las numerosas especies de aves que pudimos ver. Perdiz roja, milano negro, águila calzada, cernícalo vulgar, sisón (anade rastrojero), alcaraván (chorlito aliaguero), críalo europeo, mochuelo, abubilla (burbura), bisbita campestre, collalba gris y rubia (zurribalbas), chova piquirroja, gorrión chillón (chillandra) y, sobre todo, alaúdidos, que salieron casi todos, como la alondra ricotí (rocín), calandria común (corbatera), terrera común (charreta), alondra común (engañapastores) o la cogujada montesina (moñuda de monte).


El paseo por el páramo nos ofrecía la avanzadilla de la floración primaveral ...


  

Y detalles de la belleza que esconden estos parajes solitarios ...


Confluimos los tres grupos en la paridera donde se habían abierto unas redes japonesas y unos cepos-malla. De las bolsas de tela que tenían preparadas fueron saliendo alondras comunes, cogujadas montesinas y, varias collalbas rubias ...


 una de las cuales había sido marcada en el mismo lugar en otra edición del curso lo que provocó una gran alegría ...


Sin enredar mucho salimos hacia Blancas dirección Monreal del Campo donde queríamos visitar un humedal de origen fluvial. Los manantiales donde se hace río el Jiloca: los Ojos de Monreal.


Allí encontramos algunas especies nuevas, más vinculadas a zonas arboladas, carrizales y sotos, como el carricero común, pito real (picorelincho), las palomas zuritas y torcaz, el avión común, el ruiseñor bastardo (con su conocido reclamo "oye-tú-vete-vete-vete", tal como nos comentaba José Luis Rivas) y común, el mito, el carbonero y el herrerillo común, el mirlo, el mosquitero papialbo, el papamoscas cerrojillo, la oropéndola, la urraza (picaraza), el curvo, el gorrión molinero, el estornino negro (tordo), el triguero (clujidor) y varios fringílidos como el verderón común (verderol), el verdecillo, el pinzón vulgar (nevatero), el jilguero (cardelina), aunque faltaron algunas otras especies que esperábamos ver.

Lo que sí que vimos fueron los severos y extensos desbroces realizados en el carrizal para favorecer el acceso a los manantiales, lo que supone un empobrecimiento ecológico de un espacio natural muy valioso. La proximidad del área recreativa favorece su degradación cuando se gestiona con criterios de jardinería.


Comida en Calamocha y, por la tarde, a recorrer uno de los parajes más singulares de la comarca: el valle del Pancrudo. Un río de montaña con su bosque de ribera ...


dehesas de chopos y sauces centenarios,


densos carrizales y prados altos, aljezares, sabinares (albares y negrales), roquedos, cultivos de cereal ...


y cultivos forestales (chopos híbridos). Todo junto. Todo revuelto.

Nada más llegar, junto el emblemático peirón de Navarrete, revoloteaban una pareja de roqueros rojos ...


Uge se inspiró en este valle ...


y desplegó su sensibilidad para recoger imágenes reales ...


o imaginarias ...


Pero, aunque no lo parezca, también pajareamos e incluso hicimos una estación de escucha, otra técnica para estimar poblaciones de aves en el campo. Algunas especies nuevas sumamos a las de la mañana, como los aguiluchos cenizo y lagunero, el buitre leonado, el alimoche (milopa), el gavilán, el ratonero común (águila topera) y el alcotán, la lavandera blanca, el chochín común, el roquero solitario, el zorzal charlo, la tarabilla común (cagamangos) ...


el colirrojo tizón (culirroyo), la curruca mosquitera, el reyezuelo listado (atraído fácilmente con reclamo), el agateador europeo, el alcaudón común, la alondra totovía, el pardillo común (pajarel) y los escribanos soteños y hortelano (escribecartas). 

Y, para rematar esta maratoniana jornada, pasando por el Pago de Navarrete y sus Tollos ...


nos acercamos al embalse de Lechago. 

Un humedal artificial con una extensa lámina de agua, encajado entre montes poblados por carrascales y pinares carrascos de repoblación y con herbazales y carrizales en su cola, por estas fechas algo retraída por la escasez de lluvias en la cuenca.


Prismáticos y catalejos en mano ...


fueron saliendo el ánade azulón (pato fino), el somormujo lavanco (capucete grande), la garza real, la culebrera europea, el halcón peregrino, la focha común (viuda), el andarríos chico, el fumarel común, el avión roquero y zapador, las golondrinas común y daúrica o la lavandera boera (boyerica). 

Aún sacamos tiempo para conocer la feria Ambientalia donde entre otros muchos puestos, nuestras gentes pusieron atención en el de "Plantas olorosas" y la "Memoria de los Árboles" ... 


del naturalista y divulgador científico Miguel Ortega ...


que atrapó con su palabra y sus piezas a nuestros alumnos ...


Finalizamos en el salón de actos del ferial haciendo balance de las observaciones realizadas en la jornada. Ochenta y cuatro especies. No estaba nada mal.

Domingo 30 de abril. A por la avifauna de los roquedos. A las hoces del río Piedra. Salimos en comitiva desde Gallocanta. Primera parada, en el Royo de Santed a ver la colonia de gorriones morunos. Día frío y con viento. La primavera nos mostraba su lado más desabrido.


En ruta, tras pasar la gasolinera de Las Cuerlas, en esos extensos llanos, vemos un macho de sisón en vuelo. Todos pudimos observar cómo se asomaba entre los trigos, lejos, pero muy bien. El sisón está en severa regresión en la cuenca de Gallocanta. La causa, la imparable intensificación agraria.

Pasamos por Torralba de los Frailes y llegamos al cañón del río Piedra. El cauce seco, como en las últimas ediciones. Nos organizamos por equipos con la finalidad de recorrer el tramo hasta la primera colonia de buitres.

Un equipo remontó un tramo aguas arriba del molino internándose en un bosque de ribera de fresnos, chopos y sauces al que desciende el carrascal desde los montes. El cauce, seco y de sustrato limoso, estaba poblado por un herbazal corto..


En las paredes calizas de la umbría crecen las grandes hiedras. En los depósitos del río, los prosperan jóvenes fresnos cuyas particularidades ecológicas explica con detalle Javier Ruiz ...


Estos árboles y los inmediatos peñascos crean un ambiente nemoral en el que prospera la prímula ...


Otros, subiendo un repecho de acusada pendiente, accedemos hasta los expuestos páramos que asoman a la margen derecha del cañón. Es el dominio de la sabina negral, el erizo, el toyago, la salvia y la guillomera. Por el borde del cantil seguimos el curso del río asomándonos a observar una y otra vez.

Hasta llegar a posicionarnos frente a la colonia de buitres. El viento es intenso y debemos protegernos. Los toyagos van completando su floración.


 Los buitres leonados están terminando la crianza y acompañan a su pollo -ya crecido- esta mañana de viento desapacible.


El alimoche, llegado desde África desde hace unas semanas, no pierde el tiempo y ya está incubando en uno de sus nidos, mientras que su compañero sobrevuela el cañón fluvial.


En la ladera de la margen izquierda, en la umbría, prosperan las guillomeras que muestran su espléndida floración blanca.


El equipo que ha descendido por el fondo del cañón tiene otra perspectiva del roquedo.


Vemos algunas especies nuevas para esta edición del curso. La paloma bravía, el vencejo real, el pico picapinos, el petirrojo, el roquero solitario, las currucas rabilarga, capirotada y tomillera, el mosquitero común, el arrendajo y la grajilla.

El equipo de anilladores nos reservaba un buen número de saquillos con inquietos inquilinos. Uno tras otro fueron saliendo. Tras identificarlos, sexarlos, datarlos y tomar otros datos del plumaje y de su condición física fueron liberados ...


  

 

Al pie del viejo chopo cabecero escamondado por Felipe y Miguel Ángel, a iniciativa de la Asociación Cultural El Chismarrako de Torralba de los Frailes, felicitamos a nuestros amigos de Bucardo Folklore Aragonés en su quinto aniversario ...


Volvimos hacia Bello, donde comimos en El Silo. Por la tarde, con la luz a favor, la idea era recorrer la orilla de poniente de la laguna de Gallocanta y la laguna de Guialguerrero.

Unos comenzaron acercándose a la Balsa de los Prados de Bello. La tarde estaba muy movida y el cielo amenazaba lluvia. Pero sacaba los colores de los prados y las aguas ...


 En la que se vieron las primeras cigüeñuelas (aquí conocidas como sarteneras) y a un chorlitejo chico ...


Los barbechos estaban poblados de cenicillas ...


Hacia los prados que hay bajo La Pardina, lejos,  se vieron las primeras avutardas (aucas) ...


Otros fuimos directos al observatorio de La Reguera, en Las Cuerlas. El vaso de la laguna, blanco y seco. Allá lejos, lejísimos, se veían grupos de tarros blancos. Los limícolas que otros años vemos vemos por estas fechas ya deben estar por Noruega, por decir algo.

Directos a la laguna de Guialguerrero. Nos informan de un grupo de gorriones morunos que se dejan ver entre unas zarzas junto a gorriones comunes. Llueve, pero los conseguimos ver. Nos llegamos a la laguna, que también acusa la sequía ... 


Sobrevolaban varias docenas de golondrinas comunes. Y, en el agua, somormujos, algún ánade friso, unas cuantas fochas y el grupo de garza real que cría en los carrizales de enfrente.

Volviendo hacia Gallocanta, Rosa captó la luz haciendo una magnífica serie de paisajes que nos gusta compartir.

Cielos inestables sobre labores y sembrados ...


Cubel, erguido sobre un cabezo, domina su término ...


Arco iris sobre los trigos de Gallocanta ...


La sierra, asomando sobre Berrueco, con su tesela de peñascos, carrascales y labores ...


Los cabezos y los sembrados ...


 Hasta que ya se fue cerrando ...


Finalmente, con una cervecica, hicimos balance de esta segunda jornada. Tan intensa como la primera. Si no más. Noventa y dos especies, de ellas veintiocho nuevas.


Y el lunes 1 de mayo concluíamos con un recorrido monográfico de la laguna de Gallocanta. Frío pero soleado. A darlo todo en la última mañana.

El vaso de la laguna estaba seco ...


pero en los carrizales fueron saliendo más especies, como los carriceros comunes y tordales, los carricerines comunes ....


 y las lavanderas boyeras ...


Alguna aún siguió rebuscando entre los trigos a través del catalejos ...


Y, en otro chopo, nuestro amigo el búho chico sacaba adelante a su prole ...


Imparable el personal, aún buscaban reptiles bajo las piedras encontrando este joven ardacho ...


En fín, que parecía que no teníamos casa. Recogida y nuevo balance. Esta mañana 86 especies, con algunas novedades como el zampullín común, el águila real, el rascón, la grulla, el avoceta, el chorlitejo patinegro, el correlimos común, el archibebe común, la gaviota reidora, la pagaza piconegra, el fumarel cariblanco, el cuco, el vencejo común (que se resistía), el torcecuello, el buitrón, la buscarla unicolor o el zarcero políglota.

Cerrábamos el curso con 124 especies observadas. Algo menos que en otros años. Y con una gratísima sensación de haber disfrutado viendo pájaros por el campo.

¡Hasta la octava!

Chabier de Jaime (texto), Rosa Pérez y Uge Fuertes (fotografías)