Natura xilocae

Journal of observation, study and conservation of Nature Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal de l'observation, l'étude et la conservation de la nature et des Terres de Jiloca Gallocanta (Aragon) / Journal der Beobachtung, Erforschung und Erhaltung der Natur und der Lands Jiloca Gallocanta (Aragon) / Gazzetta di osservazione, lo studio e la conservazione della natura e Terre Jiloca Gallocanta (Aragona) / Jornal de observação, estudo e conservação da Natureza e Jiloca Terras Gallocanta (Aragão)

lunes, 16 de enero de 2017

Y EN EL CIELO FUEGO

Jueves, 12 de enero. Tras unos días de tiempo algo inestable con lluvias débiles me escapo al pueblo hacia la ventana de buen tiempo que prometen va a durar horas, antes de la llegada del cierzo, la nieve, la Siberiana y el fin del mundo de sol y buen tiempo al que parece pertenecer todo el país. Todo parece indicar que llega la glaciación que acabará con el hombre Mediterráneo. Justo a tiempo, ahora que terminan mis vacaciones navideñas.

El mapa de modelo de nubosidad muestra la entrada de nubes altas, la avanzadilla del frente frío a lo largo de la tarde, lo que puede dar mucho juego. Por ello me propongo pasar la tarde por Gallocanta, cámara en mano.
 
Cojo el coche. Nada más salir de Calamocha encuentro a una señora que me hace señales para que me detenga. Me pregunta si voy a Tornos. Suba señora, me voy a ver grullas a Gallocanta. Me pilla de paso. Iniciamos la subida y la conversación deriva en lo inevitable: la muerte lenta de los pueblos pequeños. La escasez de servicios, de gente que haga uso de esos servicios, de nuevos pobladores, de reivindicación social, de otra forma de vida. La decadencia y el olvido. La escasa lucha de nuestros políticos. El bucle, la retroalimentación positiva.
 
Hace muchos años me fui a trabajar a Barcelona. Vuelta al pueblo y mira tú por dónde, qué tranquilidad pero qué abandono.
Yo vivo en Zaragoza.
Normal, en los pueblos no hay trabajo para la gente joven.
Pues hace unos días estuve por varios pueblos de Burgos, están igual o peor que aquí.
Qué pena. No hay gente joven. Aquí se bajan a vivir a Calamocha y suben a cultivar las tierras.
Pues los de Calamocha nos vamos a Zaragoza, a Madrid, a Valencia, Barcelona...
 
Tras dejar a la señora en el cruce de Tornos sigo hacia Bello con intención de escudriñar las grullas que pueda haber por el entorno de la laguna de Carabejas. Por el camino familias sueltas, adultos con uno o dos pollos. No hay grandes grupos. Estarán por el Jiloca –pienso-.
 
La tarde avanza rápido y apenas queda hora y cuarto de pleno sol. Deshago el camino, hoy mi objetivo es puesta de sol y fotografía. Busco pues la orilla este de la laguna, el observatorio de El Cañizar. Su situación a priori es inmejorable para capturar el ocaso con las grullas llegando desde el Jiloca. Echo en falta algo más de agua en los lagunazos de Tornos que de brillo a las instantáneas, pero finalmente decido instalar el campamento.
 
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A los pocos minutos me llama Antonio Torrijo. Me da indicaciones precisas para contemplar una entrada muy cerca de la lamina de agua, en Tobeñas. Mientras hablo con el veo llegar las primeras grullas procedentes del Jiloca. Vienen altas, escandalosas. El cielo muy enmarañado, a ratos gris, sin sol. Peligra la tarde.
 
Dada la hora y puesto el tinglado en el observatorio le agradezco a Antonio la sugerencia, pero finalmente decido quedarme. La tarde avanza rápida, comienzan a entrar grupos de grullas más y más numerosos. El sol sale y se esconde entre nubes deshilachadas. Las sombras se alargan. La temperatura cae y el silencio reina entre bando y bando, solo se rompe con el viento rozando el herbazal seco…
 
Recuérdame qué fuiste una tarde de verano
el rayo de la tormenta iluminando el horizonte
la suave brisa, herbazal, mece y peina
el viento eléctrico,
el húmedo anhelo de la gota caída en tierra.
Recuérdame qué fuiste, agosto parecía eterno.
Hoy sólo paja que separa el viento,
entre hielos caen las horas del verdor vivido.
Recuérdame herbazal, que el agua es vida
el tiempo
el tiempo solo es muerte.
 
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"Guaaaaa guaaaa guaaaa" espeta la corneja negra, a lo lejos. Poco a poco, el sol vence. Las nubes que lo tapan se desvanecen, no totalmente, pero lo suficiente para que ilumine por completo la planicie y las montañas orientales. Nuevos bandos van llegando, algunas vienen del sureste, detrás de los chopos que decoran por lo bajo la vista de la sierra de Lidón. Otras entran por el este, por Tornos. Y otras también por el este, pero muy altas.
 
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El sol está ya muy bajo. Las nubes del horizonte se queman, lucen unos tonos color oro increíbles. La sierra de Caldereros con sus peñascos de conglomerados y areniscas se recortan negros, salvajes. Nada que ver con sus vecinos, unos grados más a izquierda y derecha. Los molinos nos privan de ese horizonte virgen. Llegará un día que habrá que empezar a rescatar horizontes. Al tiempo.
 
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Cientos de grullas caen del cielo. Algunas vienen muy altas, luego me enteraré que vienen del norte, de migración. El frío las empuja hacia el sur y pasan por encima de Ferreruela. Óscar, siempre atento, me da el dato clave que ya apuntaba Sabi, que tampoco se le escapa una.
 
El sol ya no se ve, pero su luz vertical comienza a incendiarlo todo. Los cirros oscuros comienzan a iluminarse por debajo con tonos naranjas, las sombras azuladas y grises se acentúan. Las nubes del este comienzan a tornar a rosa. En medio del incendio, cientos y cientos de grullas pasan por encima de mi, por delante, por detrás. No doy a basto con el cambio de objetivos. Ahora cerca. Ahora lejos. Ahora siluetas. Panorámica llegando, grullas en movimiento. Siluetas recortadas en el horizonte. Delante, detrás, arriba, abajo. El frío aprieta y mis dedos dejan de responder con la celeridad requerida. Da igual. La noche se cierne y siguen llegando más y más grullas.
 
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El horizonte oeste se torna rojo sangre. El este de rosa pasa a rosa francés y de este a malva, y finalmente se apaga. Lo que era una puesta de sol precipitada de repente se ralentiza, la luz del sol o lo que quiera que sea tiñe de rojo los cirros, lejísimos. Recuerda "El color surgido del espacio" de H.P. Lovecraft, mientras se va dibujando el cuadro con los últimos trazos del día. Venus brilla ya potente y las grullas siguen cruzando en la oscuridad.
 
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Recojo los bártulos y me encamino hacia el coche. De repente, al este, un nuevo espectáculo me aguarda. Una nueva luz ilumina las nubes altas de oriente. Segundos más tarde una enorme luna asoma su disco por detrás de los cabezos silíceos de Tornos. Vuelvo a montar el escaparate. Tiro fotos, aprovechando su situación junto a uno de nuestros iconos, un chopo cabecero. Difícil situación, la luna se quema cuando quiero sacar el chopo, cuando la saco bien el chopo no se ve, excesivamente oscuro. Pienso en Uge y en Rodrigo, sacarían petróleo de semejante estampa. Los dedos no responden y las fotos tampoco. Algunos grupos de grullas pasan bajas, ya son pocas. Se distingue perfectamente el roce de sus alas con el viento.
 
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El bullicio lejano advierte que hoy duermen muchas grullas dentro de la laguna. Mi bullicio interno advierte que hoy dormirán muchas más en mi recuerdo.
 
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viernes, 13 de enero de 2017

TRES PAISAJES ARBOLADOS DE ALCALÁ DE LA SELVA

Nuestra amiga Lucía Pérez, zoquera y sollaventera de pro, lleva tiempo buscando fotografías antiguas tomadas en el sur de Aragón en archivos y colecciones fotográficas. Las fotos viejas son una valiosa fuente de información para conocer el uso tradicional de los recursos naturales e interpretar los paisajes de otras épocas. Para los etnólogos -como ella- y para cualquiera que tenga interés por saber cómo vivieron nuestros abuelos. Por ello, hace un tiempo le pedí que se pusiera las "gafas de ver chopos cabeceros" cuando rebuscara entre fotos antiguas. Y así lo ha hecho.

Hace unas semanas Lucía me contestó. Me envió tres fotografías antiguas tomadas en Alcalá de la Selva sobre 1915 y que pertenecen a un fondo depositado en la Biblioteca Valencia.

Son verdaderos documentos que nos ayudan a comprender los usos tradicionales del chopo negro y de otros árboles de ribera. La primera de ellas nos da mucha información.


Es un paisaje de prados laboreados en los que pastan dos équidos, un mulo de pelaje claro y un burro de pelo negro, nos parecen. Una suave planicie de con aprovechamiento agrícola y ganadero se muestra prácticamente deforestada. En un primer plano, dos arroyos confluentes surcan la llanura. En su orilla aparecen pequeños grupos de árboles Parecen olmos, según me confirma mi amigo Armand Paz. El mayor de los árboles tiene su ramas bajeras jóvenes y vigorosas mientras que en la parte superior, menos accesible, se muestran ramas de un mayor desarrollo. Parece probable que sean el resultado de la poda otoñal para obtener forraje a partir de la corta anual o bianual de todas las ramas a nivel del tronco antes de que pierda la hoja. Esta actividad estuvo muy extendida a lo largo de la cordillera Ibérica.

En Bretaña y otras territorios atlánticos franceses se realizaba a lo largo de todo el tronco y recibiendo estos árboles el nombre de "ragosses".

Ragosse en el crepúsculo. Foto tomada del blog Photos par ci par là
Parece probable que el resto de los chopos, de menor tamaño e igualmente accesibles, también hubieran sido aprovechados de la misma manera. Un uso pecuario. Por otra parte, destaca la intensidad ganadera de la presión a juzgar por la ausencia de arbustos en las orillas de los arroyos. Al fondo, se aprecian los montes poblados por matorral y arbolado, seguramente bujes, inebros y pinos royos. 

La segunda foto resultará familiar a cualquiera que haya podido recorrer la carretera que une el pueblo de Alcalá de la Selva con la ermita de la Virgen de la Vega.


Dos hileras de chopos negros (posiblemente lombardos) crecen en las orillas de un amplio camino. Sus densos follajes lo sombrean haciendo más amable el recorrido de los caminantes, que aparecen al fondo. En el siglo XIX se desarrollaron normas que animaban a los concejos a plantar árboles en los caminos. Puede ser este el origen de esta arboleda formada por árboles con varias décadas de edad. un uso recreativo y paisajístico.

Es probable que sean los mismos que vemos en esta otra imagen encontrada en la red ...

o los que actualmente prosperan en la carretera actual ...


Y, por último, el la tercer paisaje corresponde a álamos negros trasmochos. 


En la orilla de una acequia que irriga unos huertos cerrados con muros de piedra crecen distanciados varios viejos chopos cabeceros de gruesos troncos y ramas jóvenes, indicadores de haber sido escamondados hace pocos años. A la izquierda, un camino surcado por un carro y el muro de un bancal. Esta forma de manejar al álamo negro debió ser más común de lo que pensamos en el pasado en la sierra de Gúdar. Aún así, todavía quedan testimonios en las riberas de estos ríos de montaña, como en Linares de Mora, en El Castellar o en la propia Alcalá de la Selva. En este caso se trata de un aprovechamiento forestal


Tres fotos antiguos con árboles ribereños. Tres paisajes diferentes. Tres aprovechamientos distintos. Una muestra más de la riqueza cultural.

Gracias, Lucía.

lunes, 9 de enero de 2017

FINALIZA EL GRAN AÑO 2016

Nos gusta hacer El Gran Año. Aunque no le guste a Sue Hubbell ni a muchos buenos aficionados a las aves. Nos gusta que, en Aragón, comenzara a realizarse en Teruel, fruto del empeño de ese buen grupo de amigos pajareros que siempre intenta crear ambiente y organizar excursiones al campo entre los naturalistas. Y nos gusta, sobre todo, por que se mantiene el compañerismo, el buen humor y por que no ha aparecido la temida competitividad que podría echarlo todo a perder. De momento, los pesimistas no han acertado. Y ya hemos cerrado la tercera edición.

Nos gusta ... pero salimos poco al campo. Al menos, no tanto como querríamos. No nos preocupan las cifras. Ni siquiera nos planteamos aquello de "mejorar nuestras marcas" ni el "competir contra uno mismo". Ni eso.


Esta es la tercera edición de El Gran Año-Teruel en la que participamos. Además, hemos hecho lo propio en casa, en las Tierras del Jiloca (Comarcas del Jiloca y Campo de Daroca) y en todo el Aragón. 

Nos encanta observar y escuchar aves mientras estamos haciendo otra cosa, yendo de aquí para allá o realizando alguna excursión con otros fines. No somos pajareros al uso. Cuando se descubre una rareza en algún lugar, por próximo que resulte, no solemos acudir a observarla. Eso no nos motiva especialmente. No tenemos lista personal de aves. Ahora bien, nos gusta aprender cosas nuevas sobre las aves, sobre todo en parajes cercanos y, especialmente, en los menos trillados.

Pero, de vez en cuando, organizamos alguna excursión familiar específica para pajarear. Este año ... pocas. Comenzamos muy fuerte a primeros de enero un par de días por la sierra de Albarracín. El ascenso a Peña Palomera en pleno febrero. El intensivo curso de Ornitología Práctica por Gallocanta y las Tierras del Jiloca en el puente de primero de mayo. Una excursión memorable por Andorra-Sierra de Arcos y el Bajo Martín. Y, por lo demás, cuatro escapadas cortas (tardes, generalmente) a Gallocanta, El Cañizar y Lechago, humedal que tenemos en la puerta de casa pero que no termina de ilusionarnos con tanta transformación y artificialidad. En verano y otoño no hemos hecho prácticamente nada.


Y eso que, desde el Centro de Estudios del Jiloca, hemos organizado la primera edición de Paseos Xiloca, habiendo participado en cinco de las seis excursiones. Pero, cuando se está de organizadores y guías, no se encuentra tiempo para pajarear con tranquilidad. Como el chiste de los vascos que iban a buscar hongos y uno de ellos se encuentra un reloj de lujo: "Patxi, o vamos de setas o vamos de Rolex". 

Bueno, al turrón, estaréis pensando alguno. Primero, las referencias personales de otros años. En El Gran Año-Teruel 2014 debimos alcanzar las 145 especies mientras que en la edición 2015 nos quedamos en unos míseros 96. Bueno, pues con lo poco que hemos salido en 2016 ... hemos alcanzado las 161 especies. Hemos mejorado marca. 

Lo mejor, la colección de buenos momentos que hemos reunido en las salidas al campo.

En el Gran Año 2016 casa han sido 54 especies las registradas. Nos vienen al recuerdo la entrada del pinzón real al pipero del jardín tras la nevada de febrero; el ánsar común (auca) que sobrevolaba El Rabal en marzo; la hermosa garceta grande que volaba pausada por la ribera del Jiloca o la gaviota patiamarilla que pasó sobre nuestras cabezas mientras montábamos el tejado del gallinero.

Gaviota cabecinegra. Fuente: SIOC
Para la demarcación Tierras del Jiloca (Jiloca y Campo de Daroca) nos hemos ido a 155 especies. Con momentos muy buenos, muchos compartidos. Empezamos con un mochuelo crepuscular en la loma de Torralba de los Sisones, una gélida tarde de febrero mientras buscaba piedras para reparar la paridera del monte. El paso migratorio dio alguna alegría en el embalse de Lechago, como los grupos de chorlitejo chico, de andarríos chico y grande, así como el águila pescadora de Carabejas. Como la observación de un águila real con una liebre recién cazada o la de la familia de halcones peregrinos observados en los secanos y acantilados de Torralba de los Frailes, respectivamente, o el paso de correlimos comunes y tridáctilos en Las Cuerlas, durante el curso ornitológico de la UVT en mayo; el fumarel cariblanco o el avión zapador, en Guialguerrero, las avutardas de Bello o la gaviota cabecinegra de Tornos con Pilar Sarto y Rosa Pérez; la curruca cabecinegra sobre una zarza de un barranco de Herrera de los Navarros en mayo o los gorriones morunos de Cucalón, en ambos casos buscando choperas de cabeceros por el valle del Huerva. Muy emocinante, y en este mismo río, fue la observación del martín pescador que se posó junto al equipo de grabación de Eva Berlanga (El Tiempo de Aragón Televisión), en un soto de Badules.

Curruca cabecinegra. Fuente: SIOC

Para El Gran Año 2016 Teruel hemos aportado 161 especies. Buena parte fueron las conseguidas en la comarca del Jiloca pero, además, hemos recorrido otras comarcas del sur de Aragón en paseos y excursiones. Muy fructífera fue la ruta por la sierra de Albarracín, donde pudimos observar mirlo acuático a lo largo del paseo fluvial, mirlo capiblanco y zorzal alirrojo en los sabinares de Saldón o picogordo en las endrineras de Terriente, entre otras cosas. La subida a Palomera también dio juego, permitiendo observar varios bandos de acentor alpino y a la alondra totovía. En El Cañizar las visitas han sido casi siempre de paso, pudiendo ver dos parejas de patos colorados en una fría tarde de marzo y, en medio de una animada tertulia sobre mujeres, hombres y naturalistas, a una carraca que hizo su nido en un viejo sauce. Muy grato fue el encuentro con una culebrera europea por los cabezos de Alloza en una luminosa tarde de junio. Y la cigüeña blanca, de la que nos perdimos los pasos por el Jiloca, en la iglesia de Albalate del Arzobispo. Inexplicablemente se nos resistió la observación del arrendajo pero, finalmente, viajando por una carreteras secundarias de Formiche Alto nos lo cruzamos en un rebollar una tarde de septiembre.

Carraca. Fuente: SIOC
Para El Gran Año Aragón hemos conseguido 171 especies, siendo prácticamente el resultado de sumar las del Campo de Daroca a las de la provincia de Teruel. Bueno, con alguna aportación más como la garceta común vista desde la autopista en Mallén y las ineludibles cotorras argentinas de los paseos de Zaragoza.

Y, estando a primeros de enero, ya estamos a vueltas con la confección de listas para El Gran Año 2017. Con alguna novedad, cada uno de los dos, por separado, así como también Chabi comenzamos respectivas listas anuales para todas las especies de aves que veamos, estén donde estén.

Carmen Soguero Pamplona y Chabier de Jaime Lorén

jueves, 5 de enero de 2017

UN AÑO EN LOS BOSQUES

El nature writting es un género literario con gran aceptación en la sociedad norteamericana. Sus escritores son herederos del filósofo e igualmente escritor norteamericano decimonónico Henry D. Thoreau y de una sociedad basada en la competitividad, el consumo y el alejamiento de la Naturaleza.

Estos días he terminado la novela "Un año en los bosques", de Sue Hubbell. Esta escritora nació en Kalamazoo (Michigan) en 1935, fue bióloga de formación y bibliotecaria en la Universidad de Brown de profesión hasta 1972 y es autora de media docenas de libros más.


Cuando en leí el prólogo, de forma rápida y prestando poco interés, me llamó la atención que su autor el premio nobel francés J.M.G. Le Clézio decía en el mismo:

 "A menudo he soñado con un libro completo en el que cupieran los pájaros, los insectos volando en la luz matinal, las gotas atrapadas en las telarañas, el cielo cambiante según la estación, el olor de la lluvia y el murmullo del viento, las voces de los animales; un libro que me hiciera experimentar el calor del sol, la caricia leve de las plantas, un libro que atesorase los secretos visibles e invisibles del mundo [ ... ]. Un libro que me hiciera tan feliz como cuando en otros tiempos leía a Virgilio, junto al mar, a la sombra de los olivos (hoy en día sustituidos por edificios). Un libro en el que la poesía fuera como una respiración, en el que el lenguaje nos acercara su música. Creo que el libro de Sue Hubbell es ese libro".

Yo no he leído a Virgilio junto al mar. No puedo comparar. Pero "Un año en los bosques" me ha gustado mucho.

Es el libro de las vivencias de una mujer que vive sola en una granja en las perdidas montañas Orzaks, en el medio oeste norteamericano, donde decide ir junto a su marido (que al poco le abandona) a rehacer su vida para alejarse de un estilo de vida que le hastía cada vez más y de una sociedad inmersa en la guerra de Vietnam.


Sue Hubbell era hija de un botánico al que acompañaba en sus excursiones por los montes, del que aprendió el nombre científico de las plantas y, lo que le resultaba más fascinante, las relaciones de parentesco entre ellas ... ¡a la edad de seis años!

Es un libro en el que selecciona temas de historia natural que desarrolla siguiendo el ciclo anual. Es un libro escrito por una naturalista, bien formada y gran observadora, que no pierde la sorpresa al descubrir nuevos detalles del funcionamiento de los ecosistemas en los que vive, que no deja de cuestionar sus ideas previas al contrastarla con la realidad, que comprende que no hay una única respuesta para cada pregunta relativa al complejo funcionamiento de la vida silvestre. Y, que hace trascender sus observaciones, a sus experiencias personales y a su estado de ánimo. Algo muy humano.


Los protagonistas son los seres vivos de su entorno. Son los pájaros, que conoce de forma precisa en cuanto a sus costumbres y querencias. Son los helechos de reproducción singular y distribución restringida. Son las termitas que se instalan en los cimientos de su granja. Son las historias de los ácaros, las polillas y los murciélagos. Son las bacterias descomponedoras del humus ("los millones de organismos que metabolizan con ferocidad la tierra"). Son las serpientes cabeza de cobre y las de boca de algodón, con las que convive con naturalidad, sabiendo que su granja ha ocupado los territorios de aquellas. Son las zarzamoras y los rosales multiflores que se expanden por los terrenos abiertos por el ser humano y abandonados. Son las ranas arbóreas, con sus ciclos explosivos que ocupan su vivienda. Son los pensamientos salvajes que crecen en los peñascos más templados del valle. O las cucarachas americanas, con sus ancestrales estrategias, o la zarigüeya americana que se alimentan en sus propias colmenas.


Pero también son protagonistas sus animales domésticos. Los perros, cada cuál con su genio, sus compañeros de aventuras en la soledad del bosque. Su gato, cauto e independiente. Sus gallinas y gallos, siempre en tensión por la presencia del coyote, siempre generosas ofreciéndole sus huevos.

Y, sobre todo, sus abejas. Sue tiene 300 colmenas que distribuye en grupos en los prados y campos de otras granjas. La venta de la miel es su medio de vida. Su difícil medio de vida, en unos tiempos en los que a Estados Unidos comienza a llegar miel sudamericana con precios que hacen inviables las explotaciones. Ella construye las cajas con tableros de palés. Ella recoge enjambres. Ella renueva las reinas. Envasa, etiqueta y lleva a vender a la miel a numerosos pequeños establecimientos repartidos por varios estados. Las abejas son el centro de su vida, son su ocupación y su tema de estudio. De hecho, publicó unos años después "A Book of Bees: And How to Keep Them". Sus dieciocho millones de colaboradoras distribuidas por las colinas de Misouri forman su invisible imperio del que ella se siente una sofisticada parásita. Este libro hará disfrutar a los aficionados a estos insectos.


Pero también refleja con una naturalidad, resultado de la adaptación al medio, las dificultades y adversidades que presenta vivir en el bosque. Evitar las filtraciones la cubierta de la casa, manejar la motosierra para cortar árboles que le sirvan como leña, conducir sobre pistas que el barro hace impracticables, defender a sus gallinas del coyote o del cárabo, arreglar su vieja camioneta en sus múltiples averías y ... mil problemas más. La imprescindible cooperación con sus granjeros vecinos, los ozarkers entre los que se van lentamente integrando, a los que cada vez comprende mejor sin perder la perspectiva de quien se crió en una ciudad y que contó con una amplia visión del mundo y de la vida.

Que se integra en la singular comunidad de granjeros pero que toma partido por las luchas que van surgiendo. Como cuando se suma al movimiento "Ciudadanos por un Río que Fluya Libre" que intenta -y consigue- detener la construcción de una inútil presa en el río que pasa junto a su finca. Sus reflexiones no tienen desperdicio.

"Desde el principio, tanto los defensores como los detractores de la presa eran víctimas inocentes de una realidad mugrienta. nadie sabía cómo o por qué se construyen las presas, ningún bando disponía de cifras o hechos fidedignos. Pero no pasaba nada, pues la polémica giraba en torno a cuál era el valor de esta zona de los Ozarks y sus expectativas de futuro: cuestiones que poco tienen que ver con la realidad, los hechos, las cifras o incluso la presa, dicho sea de paso. Quienes querían la presa eran los que pensaban que sería bueno convertir el pueblo el pueblo en uno de esos situios donde hay un McDonald's. Quienes se oponían pensaban que eso no traería nada bueno. La presa era, desde luego, lo de menos ..."

Es un libro escrito por una mujer en una edad de madurez creativa, en un estado de soledad y tras cicatrizar las heridas causadas por la vida. En uno de los capítulos, intercalado en la actividad de los pavos salvajes, de los gorriones de garganta blanca y de su deseo de dormir al aire libre, se pregunta por el papel de las mujeres maduras en el diseño de las cosas y, entre otras ideas, comenta:

"Como nuestra cultura no nos ha asignado ningún papel real, podemos crearlo nosotras mismas. Ésta es una buena época para ser una mujer madura con personalidad, fuerza y agallas. Somos increíblemente libres. Vivimos mucho tiempo. Nuestros hijos son ya los adultos independientes en los que los ayudamos a convertirse, y aunque puede que sigan queriendo nuestro amor, no necesitan nuestros cuidados. Las normas sociales son tan flexibles hoy en día que nada de lo que hagamos resulta chocante. ya no tenemos barreras políticas. Siempre y cuando conservemos la salud y dispongamos de los medios para tirar adelante, podemos hacer cualquier cosa, tener cualquier cosa e invertir nuestro talento como nos plazca".

La arribada invernal de un ejemplar de una gaviota de Kamchatka al río Misisipi le permite dar su visión sobre el devenir de la afición a observación de aves:

"Que concedan títulos por el avistamiento de aves raras es un indicador de los que le ha pasado a la observación de aves [...] Es un asunto competitivo. Se organizan torneos donde un as de la ornitología pone a prueba sus conocimientos frente a otro, y gana quien ha visto más especies de aves en un periodo de veinticuatro horas, con la ayuda de casetes con el canto grabado de los pájaros [...]. Es un enfoque de la historia natural como trofeo".


También aborda la cuestión de la corriente del retorno al campo, al fin y al cabo, es su propia historia personal. En los Estados Unidos, este movimiento neorural es mucho más antiguo y está motivado por razones muy variadas, más allá de las que conocemos en la Europa postindustrial. De hecho, desde 1930 oleadas de personas cansadas de la vida urbana se han ido instalando en granjas para llevar una vida más sencilla. Sobre las mismas comenta:

"Lo que aún no han descubierto es que una vida es tan sencilla o complicada como la persona que la vive, y que si a una persona le parece abrumador vivir en la ciudad, se lo parecerá aún más vivir aquí, donde es mucho más difícil ganarse la vida. [...]. Los urbanitas ruralizados idealizan a la gente de aquí mientras aún viven en las ciudades; pero aquí la gente no es gente sencilla, ni por asomo. Los ozarkers tienen vidas igual de complicadas que las de todo el mundo. Sin embargo, poseen habilidades y recursos para vivir en estas colinas; aunque se lo tienen callado, de ahí que parezca fácil ... y sencillo [...]. Los buscadores de vidas sencillas siempre traen una o dos teorías que exponen sin cortarse un pelo que difieren en los detalles pero que se resumen en saber mejor que los campesinos cómo vivir en el campo. Como cabría esperar, eso suele ofender a los lugareños. Por otro lado, con el paso de los años los buscadores de vidas sencillas han acabado representando una cosecha de dinero sin igual: llegan con un montón de ahorros para respaldar sus teorías, y se van tan rápido que no conviene dejar tralucir demasiado la animadversión. Más vale aprovecharse de ellos antes de regresen con sus sueños hechos añicos, a sus ciudades y sus cheques"

Ella goza de la doble experiencia y tiene empatía por ambos grupos humanos y se muestra amable, pero realista, ante los numerosos buscadores de vidas sencillas que le piden orientación.

Sus observaciones de la vida silvestre le sugieren reflexiones en las que rezuma una sabia ironía. Debatiendo por teléfono con un entomólogo sobre el comportamiento de las orugas procesionarias, éste le comentó:

"Si alguna vez descubres lo que hace desfilar a las orugas procesionaria, por favor, ilústrame. A lo mejor es lo mismo que hace que la gente coja el coche para meterse en atascos los domingos, vea la televisión o vote al Partido Republicano".


Con la madurez de quien saber leer la historia de su vida y lo difícil que es cambiar las cosas, a resultas de su experiencia en la lucha contra la presa, concluye:

"En una ocasión intenté parar una guerra, y en otra ocasión colaboré activamente en el nacimiento de un sindicato laboral en la biblioteca donde trabajaba. Pero, en líneas generales, podría decirse que el mundo ha resistido con alegría y astucia, a mis intentos por salvarlo".

En resumen, una lectura muy grata.

lunes, 2 de enero de 2017

POR EL RASO DE URBASA

Segundo día por la sierra de Urbasa. Desde la ventana de nuestro alojamiento en casa Aialusa (Baquedano) vemos las nubes instaladas sobre la meseta. No llueve, pero de todo puede haber. 

Remontamos el puerto de Zudaire y accedemos a la planicie. Nos recibe un paisaje ganadero aún vivo. Un rebaño de ovejas lachas y varios de recios caballos campan a su aire por los prados. Un antiguo corral construido con piedra seca, de las docenas que debieron repartirse por estos montes, nos recibe. Hayedo, caliza, pradera y ganado, definen Urbasa. 


Históricamente, los montes de Urbasa han sido de realengo formando parte de la Corona. Un singular régimen jurídico otorgaba a cualquier vecino de Navarra la potestad de llevar sus ganados a pastar en ellos, a construir chozas y corrales y a aprovechar sus leñas para sus necesidades básicas. Con el paso de los tiempos, estos montes pasaron a ser gestionados por el Estado y, en los pasados '80 fueron trasferidos a la Comunidad Foral de Navarra.

Los usos tradicionales han consistido el aprovechamiento ganadero y el forestal. La fotografía aérea ...


muestra espacios cubiertos de hayedo en los que se realiza una explotación forestal con certificación de sostenibilidad (FSC) ...


Espacios abiertos dedicados específicamente a pastos, como El Raso, espléndida planicie sobre la meseta caliza en la que las hierbas prosperan sobre las arcillas de descalcificación ...


y, como una fórmula mixta, dehesas de hayedos en los que tradicionalmente se aprovechaban las hierbas como pastos y los maderos para hacer carbón vegetal por lo que son comunes los tallares ...


y, sobre todo, los trasmochos ...


Este modelo de paisaje está amenazado por la falta de aprovechamiento de los viejos árboles, que han perdido el turno de desmoche y que presentan problemas de estabilidad de sus ramas ...


Y, por otra parte, por la falta de reemplazo generacional. Por ello, los gestores del parque natural desarrollan labores de plantación de jóvenes árboles para recuperar espacios adehesados a largo plazo .... 


Los aprovechamientos tradicionales perduran en Urbasa aunque los cambios sociales y económicos de las últimas décadas también han sido muy importantes. Muchos de los pueblos del entorno han perdido población en beneficio de las cabeceras comarcales (Estella/Lizarra y Alsasua/Altsasu) y la influencia de la cercana Pamplona se acusa en el comercio y en los servicios. Sin embargo, nuevos usos surgen en los montes de Urbasa: el ocio y, a otro nivel, sus valores ambientales.


El parque natural ha organizado el aprovechamiento recreativo de las sierras de Urbasa y Andía creando una red de rutas para el senderismo, a las que se suma la Senda del Pastoreo (GR-282) desarrollada por el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente dentro del programa Caminos Naturales

Nosotros recorrimos el "Itinerario de las fuentes", que os aconsejamos si os acercáis por estas tierras.


Lo empezamos junto al palacio y a la Venta de Urbasa ...


... al pie de un viejo y monumental trasmocho muerto que resiste el fuego, la descomposición y la intemperie.


Nos dirigimos a un área de interpretación dotada de paneles informativos ...


junto a la que se había recreado una carbonera ...


Nos acercamos a la Fuente del los Mosquitos, la más conocida por estar muy preparada para su uso recreativa durante el verano, a la sombra de un frondoso hayedo ...


Seguimos el sendero balizado con las marcas azules (del parque natural) ...


y las rojas del GR-282 durante un buen tramo ...


Llegamos al Haya de la Virgen, robusto ejemplar que guarda memoria del agradecimiento de dos montañeros de Estella que se refugiaron bajo su copa y que salieron vivos cuando en ella cayó un rayo .... 

 

... colocando después una pequeña imagen de la Virgen en un hueco del árbol.

Estábamos en la salida de un invierno abundante en precipitaciones y en un territorio especialmente beneficiado por la entrada de frentes desde el Atlántico. 

Los musgos, tan dependientes del agua para su nutrición y su reproducción, tapizan con facilidad los peñascos y las partes bajeras de los troncos ...


Las herbáceas de ambiente forestal comenzaban a despertar iniciando su floración antes de que se produjera la foliación de las hayas ...

 

 

En este sector de la meseta de Urbasa afloran rocas sedimentarias que proceden de depósitos acumulados durante el Eoceno (Terciario) en ambientes de plataforma continental en condiciones de mayor o menor energía, lo que se traduce primero en la sedimentación de calcarenitas (27), a las que siguen las margas (28) y sobre las que se superponen a las areniscas con cemento calcáreo (29), los materiales más recientes. Todo ello aparece plegado, disponiéndose los estratos ligeramente buzados.


Las areniscas afloraban como rocas compactas en algunos parajes, formando pequeño escarpes y cantiles capaces de desprender bloques ....


Las habituales y copiosas precipitaciones acaban disolviendo el cemento calcáreo de las areniscas liberando los granos de arena. Estos materiales forman la mayor parte del sector occidental del recorrido y dan nombre a algunos parajes, como El Arenal. Sobre estas arenas prospera la vegetación que ha acabado formando un horizonte superior humífero por el aporte anual del bosque caducifolio.

Los topillos, al excavar sus galerías, extraen fácilmente estos materiales sueltos dejándolos en el exterior bien a la vista ... 


Las arenas llegan a formar parte del paisaje, a pesar de estar colonizadas por la vegetación ...


formada, como puede verse, por enebros y por brezos ...


tolerantes a los suelos ácidos, como es el caso.

Son materiales muy permeables al presentar grandes poros entre los granos de sílice. El agua, en principio, se infiltra con gran facilidad. Sin embargo, en la imagen del puente puede apreciarse un arroyo. Y, en las zonas llanas y abiertas, se forman pronto los charcos ... 


¿Por qué no se infiltra entonces el agua a través de las arenas y las areniscas a las que recubren? La explicación es que bajo estos materiales se hallan otros impermeables: las margas, que no son otra cosa que arcillas cementadas con cal. 

Las arenas y areniscas se recargan de agua en los periodos de lluvia o de deshielo, tras el invierno. Al saturarse, el agua suele salir en manantiales, muy frecuentes en este recorrido (Los Mosquitos, Gartasoro, Arafe, El Arenal, Basauntziturri, etc.) ...


Pero, no lo olvidemos, bajo las margas se encuentran las calcarenitas y calizas arcillosas. Estos materiales son mucho más solubles y cuando el agua -por la vía que sea- accede a ellos comienza a disolverlos creando conductos, galerías y cavidades que, con el tiempo, se extienden. Esto no lo llegamos a ver durante el paseo, pero sí sus manifestaciones. Cuando estas oquedades progresan lo suficiente puede producirse el desplome de su techo originándose entonces una depresión en la superficie del terreno. Es el origen de las dolinas.

Una ojeada al mapa geológico reproducido unas líneas arriba permite advertir la presencia de un conjunto de formas exokársticas en el entorno de la Venta y del Palacio de Urbasa. Formas que reconocimos a lo largo del paseo.

Dolinas de dimensiones decimétricas o métricas en formación ...


Algunas igualmente pequeñas, pero más profundas, como esta que afecta a margas ...


Y otras de dimensiones decamétricas fueron jalonando el paseo y que no siempre eran bien percibidos por el desarrollo del bosque ...



...que prospera en las vertientes o en el fondo de estas depresiones en las que se acumulan sedimentos detríticos, arenas y arcillas de descalcificación.

Es muy habitual que en el fondo de las dolinas aparezca un sumidero (ponor). De hecho, este suele ser el destino de alguno de los arroyos que se forman en las numerosas fuentes. 

También es muy habitual que se produzca la coalescencia de una o más dolinas formándose uvalas, siendo estas depresiones de dimensiones hectométricas ... 


En fin. Un auténtico itinerario geológico sobre un karst en plena actividad, algo que nos sorprende a los que estamos acostumbrados a ver formas kársticas prácticamente fosilizadas.

La presencia de grandes herbívoros en las praderas y en las dehesas ... 


garantiza el aporte regular de estiércol ...


y la conservación de coleópteros coprófagos ...


La retirada de la nieve sobre los prados dejaba a la intemperie las galerías de las ratillas ...


y las tolvas formadas por los topos al reiniciar su actividad excavadora ...


En las dehesas prosperaba una diversa comunidad de hongos saprófitos creciendo sobre leños ...


o sobre los prados ...


Urbasa tiene muchas lecturas. 

Nos llamó la atención, por lo fácil de comprender, su hidrogeología. 

Y, por nuestro interés en el tema, la colección de viejas hayas trasmochas. Con ellas queremos terminar este artículo mostrando un par de imágenes, como la de este monumental ejemplar de porte erguido y con un charca en su interior de la que rezuma agua y favorece el ascenso del musgo desde el suelo...

  
o esta otra de porte más bajo y de tronco inclinado ...


Pero, además de estos dos aspectos, Urbasa tiene muchísimas más lecturas y ofrece multitud de temas para disfrutar.